De cómo unos se quedan parados y otros no paran


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He de reconocer que tenía previstos otros temas para ésta mi segunda entrega, pero la actualidad manda. Señores, hay que echar dos añitos más. Un acontecimiento como este no podía pasar desapercibido para la psicología cotidiana.

Que dejen de temblar las amas de casa que temían el momento de no saber qué hacer con ese marido que fuera del hogar es todo un potencial activo pero dentro, el pobrecito, más bien podría ser un mueble. Desde el punto de vista de la psicología -¡qué digo, del sentido común!- maldigo la cotidianeidad del levantarse a las doce, vagar por la casa, tal vez hacer la compra, comer, dormir una siestecita, jugar al dominó o salir a cuidar -por obligación- de los nietos y esperar la hora de la cena para acostarse y vuelta a empezar. Y así día tras día. No creo que años de esfuerzos e ilusiones deban terminar de esta manera, aunque he de reconocer que de malo no tiene nada y que muchos jubilados parecen disfrutar esto de lo lindo.

Un profesor me dijo una vez que está muerto el que no piensa en el futuro, el que sólo vive del pasado y se dedica a contar batallitas, como las famosas de la mili que, aunque pasa uno un buen rato recordándolas, se convierten a veces en la única conversación de los abuelos. Quien habla de este modo proclama que ya lo tiene todo hecho y nada por hacer.

Por tanto, hay que planificar siempre: estudiar lo que no se pudo de joven, ir de viaje, quedar con los amigos, tener una vida. Ahora que vamos a tener dos añitos más para esperar esta etapa, no podemos dejarlos pasar. No pueden convertirse en dos años de pura espera, pensando que seremos más felices luego. No debemos dejar los sueños y proyectos para un luego, sino para ya. Todo lo que se ansía hacer con 67 se puede hacer con 60, sólo que trabajando. Trabajar cansa, eso es indudable, 'but we must feel the pain before the pleasure' (hay que sentir el dolor antes del placer, que dice una canción de Gloria Estefan).

No podemos dejar que nos afecte un clima de ansiedad nacional generalizada, en el que los padres deben continuar trabajando para garantizar el futuro de unos hijos que, pasados los treinta, aun no encuentran trabajo. Un buen consejo es pensar que hubo tiempos pasados peores y que 'crisis' significa 'oportunidad'.


3 Responses to “De cómo unos se quedan parados y otros no paran”

  1. Deborah says:

    Aiiiiii dios mio!!!! Yo no se lo que voy a hacer con 60, si tendré fuerza para seguir trabajando y ahora dos años mas....es de locos. Te digo Inma que nosotros podemos aconsejar muxo que disfrutemos el momentos y emprendamos los proyectos que siempre hemos deseado en el momento justo no esperar a la jubilacion pero cuando tengamos ya los cincuentaylargos yo te digo que la conversacion que tendremos en la cafeteria será-pues yo cuando me jubile voy a viajar por todo el mundo...-pues yo me compraré una caravana para irme de camping...-pues yo haré un curso de yoga..jejejejeje y asi porque la vida es así,jejejejeje

  2. franxu says:

    FELICIDADES por el articulo, los mayores tb se merecen estos peqeños homenajes, al gobierno ¡vamos a repartir las oportunidades bien y dejemos que nuestros padres puedan disfrutar como les de la gana del paso del tiemopo!

  3. Sandro Roquette says:

    ¡A trabajar! Y los profesores los primeros, que no hacen ni el huevo. El otro en el día dijeron que a subido una barbaridad el número de opositores... que mundo este...