Las cigarras... y las cigarras


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Érase una vez un grupo cigarras que cantaban, danzaban, leían los periódicos (algunas, no todas), iban a la pelu, tomaban dos cafés por las mañanas (o más, todos los que fueran necesarios) y que estaban muy contentas porque tenían un trabajo fijo para toda la vida, casi como si les hubiera tocado una pequeña lotería. Ellas se hacían llamar funcionarias, pero había otros seres del reino animal que se preguntaban sobre si realmente respondían a esa supuesta «funcionalidad». La cuestión es que las cigarras, acodadas desde la barra del bar mientras tomaban el cuarto desayuno (de consumición obligada y recomendada por la Organización Mundial de la Salud), veían todos los días como las hormigas, esos seres trabajadores y que en tiempos de crisis andaban acojonadas por perder sus puestos de trabajo, andaban de un lado para otro a pleno sol por cualquier alimento que se encontraban por ahí.

De esta manera funcionaba todo hasta que un día, una de las pocas cigarras que leían el periódico dio la voz de alarma; aunque las cigarras, especies dotadas de una tranquilidad infinita, tardaron en prestarle la verdadera atención que el caso merecía: «todas las cigarras sufrirían un recorte en sus sueldos de un 5%». El resultado de semejante noticia provocó que los cafés y las tostadas con mantequilla se repartieran inmisericordes por el suelo mientras las cigarras, pancarta en mano, salieron a la calle a reivindicar lo que es suyo.

De lejos, las hormigas veían como las cigarras andaban por las calles cantando unas canciones muy distintas a las que antes cantaban y ahora se las veían irritadas, postura antes nunca vista en semejantes individuos salvo excepciones en las que alguna hormiga llegara a cinco minutos del cierre de la ventanilla para solucionar algún papeleo funcionarial. Y así pasaron las cigarras el día 8 de junio, que fue el día para manifestar su desacuerdo, haciendo lo que hacen todos los días, pero con una sábana muy grande que debía pesar un quintal y que resultó gran esfuerzo portar por algunas cigarras, ajenas al digno (siempre para las hormigas) ejercicio del esfuerzo.

La verdad sea dicha: yo también me iba a poner en huelga este mes con la intención además de ahorrarles el trago de verme en esta ocasión como ya vengo intentado desde principios del presente año, pero el jefazo de esta santa casa virtual me amenazó con desproveerme de mis honorarios, y no de un mísero 5%, sino de la totalidad, que aunque exigua, es útil para mi bolsillo. Sin embargo, mis compañeras hormigas del suplemento que ocupan las «páginas» de este rincón los fines de semana parecen haberse pasado al lado cigarril, aunque sin consecuencias aparentes, ya que incluso el jefazo se ahorró la entrada del viernes amparándose en no sé qué razones. Yo quiero ser cigarra, pero no me dejan. Ayúdenme; aunque no esperaré nada visto los resultados de mi pretérita petición de isla helénica.

verbis@marcandoelcontrapunto.es

2 Responses to “Las cigarras... y las cigarras”

  1. Unknown says:

    Señor Roqette yo como colaboradora habitual sólo ejercía este mes mi derecho a la huelga funcionarial que prácticamente me corresponde ya.

  2. Más que muchas cigarras por el mundo, yo diría que abundan las garrapatas, que te chupan hasta la sangre.

    Por cierto, respondiendo a mi ausencia del viernes señor Roquette, los quehaceres profesionales, los quehaceres....